Alex Roig y los cambios en el mundo del trabajo, parte 2 «Queremos definir cuánto debe ganar un cartonero o una mujer que trabaja en un merendero» Laura Vales - El Grito del Sur

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El titular del Registro de Trabajadores de la Economía Popular explica hacia dónde va el proceso de reconocimiento de derechos por parte del Estado hacia el sector. "Queremos ir hacia la definición de salarios de convenio por rama de actividad", dice y aclara que "eso implica organizar discusiones salariales dentro de la sociedad”

Una de las ideas a largo plazo del Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep) es que se pueda usar como herramienta para reconocer derechos laborales. Algunas medidas propuestas en este sentido resultan familiares: el acceso a una obra social o a tener aportes jubilatorios. Otras no lo son en absoluto.

Alex Roig apunta, por ejemplo: “Nosotros queremos ir -y esto es difícil de explicar-, hacia la definición de salarios de convenio por rama de actividad en la economía popular. Queremos poder definir cuál es el mínimo que debe ganar un cartonero, una persona que trabaja en el cuidado, una mujer que trabaja en un comedor o merendero. ¿Cuál debe ser su ingreso? Eso implica organizar discusiones salariales dentro de la sociedad”.

Pero, ¿cómo hacer paritarias cuando no hay un patrón?

Preguntas como esta forman parte de una manera de pensar el trabajo -y su falta- muy propio del Movimiento Evita, donde milita.

Roig llegó a esa organización después de unos primeros años en los que estuvo volcado a investigaciones económicas, monetarias. Investigó, por ejemplo, cómo nació la convertibilidad, ese delirio de crear “una moneda sin pasado” que casi nos dejó sin país. Analizó también la salida del uno a uno, ocurrida en el año 2002, el año de los 5 presidentes en que la Argentina llegó a tener 17 monedas. Para pagar los sueldos, las provincias emitían patacones, bocades, bofes, lecores, quebrachos.

“En un momento, un patacón llegó a costar más que un peso, e inclusive circulaba con un valor mayor que el dólar”, ha señalado sobre aquellos bonos que “a todos hoy les parecen un horror”, pero que, mirado desde otro lugar, él consideró “una buena solución, incluso excelente, en tiempos de crisis, ya que permitió tener ingresos a millones de trabajadores”.

Si se acercó a la vida de las organizaciones populares fue inicialmente como sociólogo, no como militante. En el primer año de su llegada al país empezó a frecuentar los barrios cartoneros del cinturón del Ceamse, en José León Suárez. Eran organizaciones de un perfil no vinculado a los partidos políticos, aunque con referentes que lograron enormes cambios en el territorio de los barrios más empobrecidos, como Lalo Paret o Lorena Pastoriza.  Fue un compañero de viaje del Che, Oscar Valdovinos, el que lo acercaría a la política y al Movimiento Evita, recién diez años después. Conoció allí a Emilio Pérsico y al Chino Navarro, dos outsiders del peronismo.

Y ahí empezó su camino como especialista en economía popular. En las definiciones de Roig se ve el mix de academia y conceptos construidos en las luchas populares. Hay una traducción de experiencias:

  • “Uno de los logros de la economía popular fue poder diferenciar trabajo y empleo, que muchos todavía consideran sinónimos. Porque aunque haya crisis de empleo, la realidad es que las personas trabajan para sobrevivir. Muchas veces lo hacen más que las 8 horas diarias de un trabajador formal, como en el caso de un cartonero o con las tareas de cuidado en un comedero o merendero. Esa condición de generar el propio trabajo no evita, sin embargo, las relaciones de explotación, la situación de asimetría frente al capital. Esa fue la gran operación, la gran transformación del capitalismo después  de los años 60: ir disimulando cada vez más su proceso de explotación. ¿Cómo? Acumulando más allá del trabajo”.
  • «Un trabajador industrial entiende fácilmente la idea de plusvalía: das trabajo, te pagan un salario pero el salario es menos de lo que das; eso es plusvalor y ahí está la explotación. Sin embargo hoy estamos inscriptos en un conjunto de relaciones sociales de captación de plusvalor, que son múltiples. El capital ha ido disimulando otros modos de acumulación, no sólo acumula explotando el trabajo. A estos mecanismos de acumulación menos visibles podemos encontrarlos en la explotación financiera, comercial, laboral y de saberes”.
  • “Comparemos un empleado o un obrero con un trabajador de la economía popular. Un trabajador de la economía popular paga tasas de interés más altas si pide dinero prestado (acudiendo a prestamistas), recibe una paga menor por un trabajo equivalente, (como los cartoneros y los recolectores de basura), está atravesado por impuestos más regresivos  (el IVA, en la compra de alimentos, pero también cuando paga el monotributo, que en proporción a sus ingresos es más costoso que los monotributos de las categorías más altas), está sometido de manera más cruda a los intermediarios comerciales. Y todo lo paga con trabajo”.
  • «Contrariamente al imaginario social, solamente el 10 por ciento de la economía popular recibe planes o algún tipo de transferencia del Estado. El Estado paga hoy 550 mil salarios sociales complementarios, cuando los trabajadores de la economía popular son 6 millones. Eso significa, y el Ingreso Familiar de Emergencia lo mostró, que la mayoría de los trabajadores de la economía popular viven de su trabajo y no de la ayuda estatal”.
  • “La función del Estado debe ser por esto intermediar, desarrollar instituciones que permitan mediar en esas relaciones asimétricas frente al capital”.

El Renatep es pensado también como una herramienta organizativa. Un modo de reunir a millones de trabajadores que hasta hace poco ni siquiera podían pensarse como parte de la clase. El Registro tiene armada una estructura -el modo de inscribirse, sus categorías- y el Estado comenzó a implementar para sus integrantes algunas medidas, como la bancarización de las cuentas de quienes cobran el Salario Social Complementario (que estaban a nombre del ministerio y no de las personas) y la posibilidad de un monotributo gratuito por dos años, lo que permite emitir facturas. Con el Renatep se hizo también algún  avance en el pago de tareas de cuidado (como las sociocomunitarias, en los comedores), aunque lo que falta es enorme, como lo plantea el proyecto de la Ley Ramona. Otro camino que se empieza a andar es el poder integrarse a redes de comercialización (como las ferias) que tienen apoyo estatal.

“Inscribimos personas que trabajan. Al saber dónde trabajan y de qué manera, podemos pensar cómo recomponer aquellas relaciones de captación de plusvalor de las que hablamos antes, ir inscribiendo a las personas en una trama social. Registrar no es solamente inscribir, es visibilizar relaciones. Desde ahí se puede hacer política, transformar la sociedad. Sin eso sería mucho más difícil porque no sabríamos para dónde hacerlo”.

Roig admite que en los imaginarios políticos “se juega una tendencia a pensar siempre lo grande y lo único: se cree que es mejor una planta de Toyota con mil trabajadores que 500 pymes con 2 laburantes. Y es que luchamos contra imaginarios muy fálicos en la economía, que plantean que todo sea enorme, hay imaginarios de potencia operando”.

“Nosotros creemos en articular toda la multiplicidad de más pequeña escala de la economía popular. Obviamente, puede no parecer tan impresionante. Pero en términos económicos, hacerlo tiene efectos enormes y en términos sociales mucho más”.

¿Y la renta universal como salida al desempleo?

“Nosotros en general estamos en contra de los subsidios, hablo en términos de miembro de una organización social. Creemos que hay que generar trabajo y  producción. El otro día el Gringo Castro, en una charla, hizo una pregunta clave para la sociología que es la pregunta sobre la integración. ¿Cómo vamos a hacer para tener un mecanismo de integración social?

Creemos que el trabajo es ese gran productor de sociedad. Yo no conozco una sola sociedad que se organice en torno a la renta. Puede ser que exista, en términos utópicos, pero en la realidad no hay ninguna sociedad que se organice en torno ni a la renta financiera ni a la renta ciudadana. Porque los sujetos encuentran su lugar en la sociedad a través de las cosas que hacen. Y en el mismo sentido, lo peor que le puede pasar a un ser humano es estar desprovisto de relaciones”.

“Si en Argentina hay mucho más espacio para la lucha que en otros horizontes es porque tenemos un proceso de organización social fenomenal, casi un 40 por ciento de tasa de sindicalización, y más de 120 o 130 organizaciones sociales grandes. Más la multiplicidad de tejido organizacional que está presente y que por ahí no se reconoce en las grandes organizaciones, pero que está ahí, que trabaja. Eso da una capacidad de transformación política muy grande. En otros lugares ni siquiera lo podés pensar, sea por apatía, sea por violencia de la vida política. Tenés otros tipos de bloqueo, pero acá se puede pensar. Para mí la Argentina siempre ha sido un país donde se puede pensar la transformación social”.